Cincofobia

Carolina estaba muy feliz cursando en la facultad. Empezó una nueva carrera. La hacían leer textos que no tenían ningún sentido con su área de trabajo profesional.

Estaba cursando la materia más aburrida de todas: “Historias del bien pensar”. Estudió todas las noches por un mes. Estaba preparadísima. Llegó el día del parcial. El aula estaba llena. El profesor (que era miembro del partido del “Pasto azul”) llegó 40 minutos tarde, como de costumbre.

-Tic toc. Tic toc. Tic toc. Sonaron unos golpes en la puerta.

El profesor abrió la puerta.

-¡Uh, no! – Se escuchó de la mayoría de los alumnos.

-¡Holis chiquis! – Entró una chica rapada con un mameluco verde, que era parte de la vestimenta de los miembros del Partido del Pasto Azul – ¡Compañeris del buen pensamienti! – Era una de las representantes del centro de estudiantes del partido. Que en esta facultad cuentan con una fraudulenta mayoría en el consejo de estudiantil.

-Cuac, cuac, cuac, cuac, cuac, cuac – El discurso del bien pensar ya parecía el sonido de un pato de tantas veces que lo repetía. Eso no era repetir de memoria ¡Era repetir por inercia! El discurso era como una extensión del cuerpo de la chica.

-Recuerden denunciar cualqueir pensamienti extrañi: un gesti, una palabri fueri de lugar, una miradi deshonesti, que parezcan tener diferencies con el uniqui pensamienti, debe ser rápidamenti escrachadi y denunciadi.

Carolina se puso a transpirar. Ya que hacía 2 semanas empezó a cuestionar en su mente algunos de los dogmas del partido: ella sabía que los números no podían ser ofensivos. Pero desde el partido se proponía perseguir a todos los “canallas traidores numéricos que se animen a ofender el proyecto de la nueva deconstrucción social, basada en los ‘Verdaderos números de bien”.

En resumen, se prohibió el uso de los siguientes números y de todos los que lo contengan:

4

33

13

Cualquiera que piense, escriba o recite alguno de estos será como mínimo escrachado públicamente.

El origen de estas cábalas, comenzaron por algunas “Mayorías oprimidas” (en realidad eran minorías, pero los ‘compañeris’ del Partido del Pasto Azul, falsificaban las estadísticas muy burdamente) decían sentirse ofendidos muy profundamente por números que le daban mala suerte y llamaban a la desgracia.

Imaginen que esta situación era perfecta para políticos demagogos. La culpa de todos los fracasos del gobierno, la tenían los números: la inflación, los altos impuestos, la pobreza, la falta de infraestructura, el decrecimiento económico del país, el bajo índice de desarrollo humano, la inseguridad, el déficit fiscal, etc.

En el medio del “cuaqueo” del discurso de la “compañeris”, repentinamente un alumno se paró:

-¡Cincofóbico! ¡Cincofóbico! ¡Cincofóbico! ¡Cincofóbico! – gritó mientras señalaba con fuerza al “compañeris” que tenía al lado.

Parece ser que estaba haciendo una nota personal en su cuaderno, en la que utilizaba el número 4 ¡Una locura! Según el manifiesto del Partido del Pasto Azul estaba cometiendo un crímen de “Violencia numérica”. Ofendió gravemente a los sensibles al número 4 al utilizarlo en vez del 5.

Uno de los precios a pagar por ser cincofóbico era ser tratado como un loco. Lo llevaban a un hospital psiquiátrico hasta que deje de padecer tal enfermedad. Muchos terminaban años y años encerrados ya que el Partido dispuso eliminar de alguna forma a estos “enfermos” y aunque se “curen” los matenían encerrados tan solo para darle el gusto a los Sensibles a ciertos números.

Carolina se sobresaltó cuando escuchó los gritos del ‘compañeri’ por una fracción de segundo creyó que se refería a ella.

El cincofóbico se quedó segundos inmóvil. Luego puso las manos sobre su cara y empezó a llorar a moco tendido.

A los minutos (el acusador de cincofobia no se calló nunca) llegó la policía del pasto azul, con su uniforme verde y se llevó al cincofóbico, luego de inyectarle rápidamente un fuerte sedante.

Carolina salió al baño a llorar, porque sabía que en algún momento, tarde o temprano le iba a tocar a ella ser acusada de algún crimen contra la sensibilidad, ya que estaba poniéndose cada día más opositora a las ridiculeces del Partido del Pasto Azul.

El Relato del Relato ¿Mentiras ocultas o un cuento inocente?

Los seres humanos amamos los relatos. Un ralato es fácil de recordar y contar a otra persona. Lo mejor de un buen relato es que es divertido y atrapante.

Esto tiene una parte mala. Un relato puede ocultar una mentira en su interior, pero al ser un buen relato, podemos actuar teniéndolo en cuenta. Podemos contárselo a alguien y transferir sin querer información inválidos que lleve a desiciones erróneas basadas tan solo en el efecto psicológico positivo del relato. Nos enamoramos de la historia y nuestra mente no da para trabajar de otra forma que no sea siguiendo el cuento. La mente humana se guía mucho mejor por relatos que por ejemplo datos empíricos.

Lo peor de todo es que el relato nos satisface. Nos deja conformes. Nos deja tranquilos y en paz. De hecho crear un propio relato para justificar que nuestras acciones es un hábito que nos ayuda a vivir tranquilos: justificando que lo que hicimos está bien y si o si así serían las cosas.

Ojo, un relato puede contener verdades que nos ayuden a trascender y a acompañarnos para bien, por toda nuestra vida y para las siguientes generaciones o asegurarnos ser esclavos invisibles del cuento creado por alguien para manipularnos.

El relato hay que creerlo, por más bueno o malo que sea, por más que contenga mentiras o no. No puede contener datos o una verificación científica para asegurarnos de que el contenido de la historia es cierto.

¿Ustedes qué opinan? ¿Utilizan los relatos apropósito para bien? ¿Alguna vez se creyeron uno y se llevaron un mal momento?

La mentira

La mentira no es normal. Que te digan que un elefante es igual a un tigre es una burrada.

Quien quiera venderte el cuento del tío, por mejor vestido que esté, por más pomposo que sea en su lenguaje, por mejor conversador que sea… Está diciendo que un elefante es un tigre ¡Es absurdo! ¡Hay que decírselo en la cara! Tenés la obligación de gritárselo ¡Gritale a los mentirosos! Está en todo tu derecho.

Hablar, hablar y hablar…

Los que hablan no hacen. No hacen porque están hablando. Dedican más interés del que deberían a hablar, pensar en pesimismos y autoboicotearse. Al estar tan ocupados en eso, no pueden hacer.

Entonces como no hacen nada, tienen más energías que no las utilizan en nada ¡Un superávit de energía y tiempo libre! Entonces exportan esas palabras, las exportan hacia los demás. Intentan vendérselas por ejemplo, a quien tienen más cerca. No es culpa de ellos, tan solo quedaron atrapados en un bucle infinito de negatividad. Como le pasó a un extraño japonés:

“Cuando empecé a fabricar motos, los profetas de los malos augurios, a veces mis mejores amigos, venían a desalentarme. Yo no los escuché y, pese a sus opiniones pesimistas, el 24 de septiembre de 1948 creé la compañía Honda Motor, que hoy brilla en todo el mundo”

Soichiro Honda

Desarrollador, Estudiante y Emprendedor