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El Relato del Relato ¿Mentiras ocultas o un cuento inocente?

Los seres humanos amamos los relatos. Un ralato es fácil de recordar y contar a otra persona. Lo mejor de un buen relato es que es divertido y atrapante.

Esto tiene una parte mala. Un relato puede ocultar una mentira en su interior, pero al ser un buen relato, podemos actuar teniéndolo en cuenta. Podemos contárselo a alguien y transferir sin querer información inválidos que lleve a desiciones erróneas basadas tan solo en el efecto psicológico positivo del relato. Nos enamoramos de la historia y nuestra mente no da para trabajar de otra forma que no sea siguiendo el cuento. La mente humana se guía mucho mejor por relatos que por ejemplo datos empíricos.

Lo peor de todo es que el relato nos satisface. Nos deja conformes. Nos deja tranquilos y en paz. De hecho crear un propio relato para justificar que nuestras acciones es un hábito que nos ayuda a vivir tranquilos: justificando que lo que hicimos está bien y si o si así serían las cosas.

Ojo, un relato puede contener verdades que nos ayuden a trascender y a acompañarnos para bien, por toda nuestra vida y para las siguientes generaciones o asegurarnos ser esclavos invisibles del cuento creado por alguien para manipularnos.

El relato hay que creerlo, por más bueno o malo que sea, por más que contenga mentiras o no. No puede contener datos o una verificación científica para asegurarnos de que el contenido de la historia es cierto.

¿Ustedes qué opinan? ¿Utilizan los relatos apropósito para bien? ¿Alguna vez se creyeron uno y se llevaron un mal momento?

La mentira

La mentira no es normal. Que te digan que un elefante es igual a un tigre es una burrada.

Quien quiera venderte el cuento del tío, por mejor vestido que esté, por más pomposo que sea en su lenguaje, por mejor conversador que sea… Está diciendo que un elefante es un tigre ¡Es absurdo! ¡Hay que decírselo en la cara! Tenés la obligación de gritárselo ¡Gritale a los mentirosos! Está en todo tu derecho.

Hablar, hablar y hablar…

Los que hablan no hacen. No hacen porque están hablando. Dedican más interés del que deberían a hablar, pensar en pesimismos y autoboicotearse. Al estar tan ocupados en eso, no pueden hacer.

Entonces como no hacen nada, tienen más energías que no las utilizan en nada ¡Un superávit de energía y tiempo libre! Entonces exportan esas palabras, las exportan hacia los demás. Intentan vendérselas por ejemplo, a quien tienen más cerca. No es culpa de ellos, tan solo quedaron atrapados en un bucle infinito de negatividad. Como le pasó a un extraño japonés:

“Cuando empecé a fabricar motos, los profetas de los malos augurios, a veces mis mejores amigos, venían a desalentarme. Yo no los escuché y, pese a sus opiniones pesimistas, el 24 de septiembre de 1948 creé la compañía Honda Motor, que hoy brilla en todo el mundo”

Soichiro Honda

Es polémico

Dar como respuesta que una idea es polémica, resulta una conclusión muy evasiva, pero al mismo tiempo políticamente correcta. Es la respuesta más adecuada para quien no quiere correr el riesgo de ensuciar su reputación o comprometerse en cierta cuestión.
Por cierto, sobre el anterior párrafo, tengo que aclarar que es polémico…