Hablar, hablar y hablar…

Los que hablan no hacen. No hacen porque están hablando. Dedican más interés del que deberían a hablar, pensar en pesimismos y autoboicotearse. Al estar tan ocupados en eso, no pueden hacer.

Entonces como no hacen nada, tienen más energías que no las utilizan en nada ¡Un superávit de energía y tiempo libre! Entonces exportan esas palabras, las exportan hacia los demás. Intentan vendérselas por ejemplo, a quien tienen más cerca. No es culpa de ellos, tan solo quedaron atrapados en un bucle infinito de negatividad. Como le pasó a un extraño japonés:

“Cuando empecé a fabricar motos, los profetas de los malos augurios, a veces mis mejores amigos, venían a desalentarme. Yo no los escuché y, pese a sus opiniones pesimistas, el 24 de septiembre de 1948 creé la compañía Honda Motor, que hoy brilla en todo el mundo”

Soichiro Honda

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